¿Última del año?


     Menos mal que nos queda Portugal.  Decía aquél.  Porque hoy (el lunes) estoy como para echar cohetes.  Ayer pasamos más frío que un perro pequeño, pero disfrutamos como bestias pardas y ya sabéis la frase recogida del acervo cultural de un biker:  ¡Qué bien lo pasemos, cómo disfrutemos!  ¿Tú no estastes?

     Pues el que vino, sudó, se enfrió, sufrió, disfrutó de las subidas y las “pocas” bajadas y de un grupo que ha surgido poco a poco pero que a fecha de hoy se está consolidando como un germen endurero de magnitud considerable.  ¿Por qué digo esto?  Es sencillo, un grupo de 10 componentes a los que se añadieron 4 electrones (por lo del descontrol) y dos amigos más, es un lujo para cualquier organización.  A fin de cuentas ¿dónde vas a estar peor que en casa?  Y la Gabardiella nunca defrauda.

CIRCULAR A LA GABARDIELLA.

No tenemos remedio.  No nos podemos integrar en ninguna célula organizativa más o menos ordenada.  Y es que lo nuestro es el “Ejército de Pancho Villa”, y eso que nos gustan algunas determinadas costumbres prácticamente a todos pero con relajación.

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Así que aceptaron nuestra presencia los colegas de As Cimas, porque nos quieren como somos, y ahí aterrizamos para completar un día de enduro y diversión.  Desde la cola del pantano de Belsué que tomamos como lugar de inicio de la ruta empezamos calentando por carretera en dirección Nocito, mientras conversábamos y empezábamos una jornada endulerda que dio mucho de sí.  Un placer conversar con los colegas.  Estaba en mi salsa.  La portería es lo que tiene.15032113_1534273129922081_1963041597877493040_n

Total que entre ponte bien y estate quieta que llegamos al collado de Orlato.  Lugar clave de la ruta por su posibilidad de elegir entre bajar a Nocito o acortar por la senda del collado hacia el Mesón.  Pero nosotros decidimos bajar.  La mañana avanzada no había secado nada prácticamente.  Y aun con todo disfrutamos.  La rueda se movía más que la compresa de una coja, pero eso aumentaba el aliciente.  Alguno hizo ceprén hasta con el “Ojo de Mordor” y es que había que agarrarse bien al ramal. Deslizaba.  Literalmente sobre mantequilla.  Y a pesar de todo en menos que canta un gato consumimos momentos de diversión, adrenalina y sustos por un camino delicioso, sobre lajas mojadas, terreno fangoso en alguna ocasión y la piedra “guaraní”.

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Espectáculo de sensaciones y colores que abrumaban la capacidad de cualquier retina dispuesta a dejarse seducir por el Otoño en el Parque Natural.  Festival de árboles compitiendo por el mejor decorado posible, natural, atrezzo esperado y no por ello menos valorado supone que lo deseamos, con el fin de poder consumir los reflejos y los olores del monte en esta temporada.  Maravilloso.  Prodigioso.  Cerezos, arces, en sus cromos rojizos; trémulos, populus blanco y nigra, fresno y algún avellano cab**n de esos que te agarran el manillar mezclado con pino, pino y más pino.  Ainssssssssss, qué gonico.

    Prefiero explayarme en este momento para que podáis entenderme y sentir lo que la naturaleza nos ponía al alcance de los sentidos en el camino a Sescún.  Sendero duro, técnico, con pendientes capaces de sacar de punto hasta al más pintado.  Alguno intentábamos subir todo lo que se nos ponía delante hasta llegar al límite de pulsaciones, sin embargo ….la montaña siempre te deja en el sitio que corresponde y tiramos del ramal en ocasiones para superar el obstáculo, la piedra, el remonte.  Ríos, riachuelos, barrancos, losas y más losas jalonadas con algún escalón técnico a mitad de sendero y por fin la Ermita.  Desde el collado se atisba la pista de subida, pero esconde la verdadera capacidad de sufrimiento que desplegamos en cada rampa, cada subida, cada curva que da inicio a un nuevo tramo que nunca concluye y después de todo…otra rampa.  Como dijo un colega:  “¿Pero esto no tiene bajadas o qué?  Je, je, je.  Sí, si.  Tranqui.  Ahora.  Sudados hasta la goma de la braga.  Eso seguro.  Y con frío.  El aire nos dejó un cutis fisno, fisno.

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   Hasta aquí todo disfrute.  Sin incidentes ni mecánicos, ni técnicos, ni personales.  Niquelao oiga.  Una vez arriba y acabada la pista el sendero que conduce a la plana de Bail nos llena de placer.  El descubrimiento.  La joya.  Setas.  A tutiplén, rebollones, negritas, lepiotas, etc.  Pero esta pandilla de aberronchos no me dejó disfrutar.  Sólo mirar.  En fin, es lo que tiene la organización.  Aun con esto mereció la pena.  Y eso que tuve que parar por obligación a reparar un pinchazo que casi nos dejó “pajaricos” en semejante lugar.  Gracias al tío “Mzungu” y a tío “Cirac” solucionamos en el menor tiempo posible a costa de pasar un frío pelón.

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Ahora toca disfrutar, cruzar la pala, llegar al final de la hierba, inundarnos de la poca luz del día y sofocar nuestro corazón con unas vistas irrecuperables desde la ciudad.  Aún lo veo, la luz, sensación, la paz del momento, el aire que golpea la cara acalorada, casi rehuso estar encerrado, pero hay que comer y cumplir con las obligaciones sociales y laborales.

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El remanso de la pala es el preámbulo de la bajada.  Un principio por pista en mal estado es la introducción al sendero.  Oyes de fondo “Dust in the wind”, sabes que llega el momento, el bosque.  Menos luz.  Menos traza.  Tu rueda empieza a rugir y a frenar.  Ya se calienta el ambiente.  Y por fin el desnivel negativo en una rampa de entrada gloriosa.  Yehhhhhhhhhhhhhhha.  A muerte.  Toca sangrar.  Cambia el disco y ráyate.  Los Stones.  Portodoloquesemenea.  Sin freno.  Fly, fly, fly, velocidad y mucho ritmo, flotando sobre la senda que abriga tu trazada con unos peraltes espectaculares; fuerzas la línea y se va, pero se va.  Mucho.  Joder qué gozada.  Sin frenar, contra el pino que se cruza en tu línea, que rozas, con el manillar, con el hombro.  Las piedras saltan de las ruedas y ves que vas casi al 100%; la velocidad resulta absurda y las trazadas surgen solas porque no piensas, es instintivo.  Fluyes, por el bosque como una barrancada de agua en un día de tormenta.  Deslizas hacia el fondo del valle junto con tus colegas.  El ferodo al final se calienta porque el miedo es libre.  Algunos se lo tomarán con prudencia, pero esta vez, para un servidor no era el caso.  Estaba estrenando tarado de suspensiones y ajustes varios y quería comprobar el resultado.  Sólo diré que jamás había ido tan rápido.  Espero no me cueste un susto.  Hasta ahora es increíble.

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Pues a lo que estamos, tuerta.  Salimos del bosque para entrar en la zona de gleras.  Un pedregal con piezas de bloques de caliza como la cabeza de un ta…tano.  P’habernos matao oiga.  Y sin embargo diré que la máquina iba flotando, bien ajustada, se comía todo.  Un placer ciclar y poder pedalear en semejantes tramos.  Un sube y baja agotador a estas alturas y que a la postre provocó un accidente.  Temido por todos, no buscado, pero que esta vez se convirtió en realidad al caer rebotado hacia el vacío el tío Javier.  Al principio sorprendido y no consciente del alcance miramos al compañero pero enseguida nos percatamos por lo que iba contando que podría ser algo delicado.  En fin, después de hacernos con la situación y a costa de echarle valor y coraje salió el hombre de la presa de Belsué hasta el coche por su propio pie sufriendo el golpe y el posible esguince, que se ha confirmado a fecha de hoy, más las moraduras, restregones y ………….la que le caerá en casa (asunto tampoco despreciable).  Pues ahí quedó la cosa.  No fue más grave.  Un susto.  El resto concluimos la ruta, pendientes del asunto y cerramos la intervención en los coches con abrazos, suspiros de alivio y congratulaciones de todo tipo (salvo las de la parte trasera).  Hidicho.

 

Un auténtico placer compartir con todos vosotros la experiencia de un día de monte.  La Gabardiella.  No por repetirla todos los años pierde encanto.  A veces otros componentes la endulzan o le cambian la perspectiva.  Hoy es aportar, sumar, compartir con los colegas que empiezan a realizar rutas endureras de nivel, cada uno con su aportación, su grano y sobre todo la convivencia de esos momentos junto a compañeros que te enriquecen como persona.  Fue un placer que pensamos repetir cuantas veces sea posible.

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As Cimas.  Adrián (Ñandú), Rubén, Alberto (Teclas), Miguel (Sherpa), Manuel, Pedro, Javi, Jesusín (Tarrino), José Ignacio, Ramiro, Miguel (Cirac), Jj, Tanano, Mzungu, Zacarías y Lagartija.

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Pdta.  See you, little canal sparrows.  Nos vemos en el monte.

https://www.relive.cc/view/767774640?r=wa

Aquí os dejo un enlace para visionar la vuelta.  Y un artículo de los publicados últimamente en las revistas de bicis útil para tener en cuenta.

http://www.endurospain.com/6cosas-debes-saber-principiante-enduro/

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